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El respeto por el otro será la alternativa; primera parte

Mi padre uribista, y no les pido que deje de serlo puesto que tiene sus razones para ver en el Gobierno anterior un aliado. Y es que muchas cosas que proclama el uribismo, desde sus discursos vacíos, tiene por obvias razones calado en la sociedad. ¿Quién no quiere vivir en paz?, ¿A quién le parece justo que las FARC hagan política sin pasar por prisión?, ¿Quién cree que el país va bien cuando salir a las calles genera miedo?, ¿Quién cree que Bogotá es la ciudad más segura de Colombia?, ¿Quién no cree que los valores se están perdiendo?, ¿Quién no cree que Colombia se convertirá en Venezuela si no ganan los uribistas o los conservadores?

Sin embargo, paradójicamente los discursos del uribismo son similares a los demás discursos políticos, solo que algunas de las propuestas utilizarán caminos distintos para llegar al mismo fin, otras son inviables o falsas y otras hacen parte de la campaña política tradicional; algo así como lo que hizo Santos en su primer campaña presidencial al prometer que no pondría impuestos. Quiero aprovechar este espacio para contestar las preguntas a mi padre y a los lectores que ven en los conservadores o los uribistas la salida correcta para el país. De todas maneras, por asuntos de espacio tendré que dedicar varias entregas; espero con ello hacerme entender.

Todos queremos vivir en paz a menos que usted viva de la guerra; sin embargo, creer que un país vivirá en paz perfecta es una utopía. Para facilitar la exposición, partamos del principio que hay dos tipos de paz: la paz perfecta y la paz imperfecta. La primera es el ideal pero como tal, es imposible puesto que somos humanos y siempre tendremos conflicto; de allí que la segunda sea real y posible. Ahora bien, en una escala del conflicto, siendo 10 el máximo grado de anomia y 0 el nivel perfecto (imposible), ¿En qué nivel podemos dejar a nuestro país?

Como primero, hay que pensar en contexto. Que se desmovilizaran las FARC como grupo armado, no quiere decir que se acabara la violencia; más bien que se incrementaran algunos fenómenos relacionados directamente. Las FARC siempre tuvieron control de vastas zonas del país y su desmovilización generó que otros actores armados ocuparan estos territorios (ELN, Clan del Golfo, Disidencias, etc.) Nuestro Estado está en construcción, somos un país pobre y sostener un conflicto armado es muy difícil, más cuando se trata de una lucha de ejércitos irregulares contra ejércitos regulares que se deben a unas reglas de la guerra codificadas en Acuerdos y Tratados internacionales.

Cuando el uribismo desmovilizó a las AUC, estas bandas criminales reportaron entre 12 y 15 mil hombres, se desmovilizaron un promedio de 35 con el aval de Presidencia y del Comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, y se entregaron otras cifras infladas y falsas como el de Cacica Gaitana. Muchas notificaciones por parte de Mancuso y Castaño fueron claras en cuanto al problema del narcotráfico amparado en la Ley de Justicia y Paz, pero aun así el proceso siguió. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronunció al respecto indicando que los acuerdos no eran coherentes con las reclamaciones de las víctimas y que la estructura de la Ley beneficiaba más a los victimarios; pero no hubo mayores recriminaciones pues quien lo hiciera estaba en contra de la paz y apoyaba al terrorismo.

Igualmente, la Comisión Colombiana de Jesuitas informó que, después de la desmovilización aún había “permanencia de nexos entre agentes estatales y grupos paramilitares”, que el Gobierno guardó silencio frente “al incumplimiento de entregar las niñas y niños que permanecían en sus filas y que durante el 2002 y el 2006, fechas del diálogo, el paramilitarismo tuvo un incremento cercano al 235% (Comisión Colombiana de Jesuitas (2007). Colombia: el espejismo de la justicia y la paz. Balance sobre la aplicación de la Ley 975 de 2005, p. 14)

Posterior a esta desmovilización surgieron distintas bandas delincuenciales que sin justificación contraguerrillera, mantuvieron las mismas operaciones que desempeñaban desde antes y que se caracterizaron por la persecución a líderes comunitarios, homosexuales, políticos opositores, campesinos ricos y pobres que tenían tierras productivas, etc.

Por motivos jurídicos, las AUC no tuvieron el reconocimiento político que reclamó el uribismo; puesto que en el discurso de esta organización, el objetivo no era derrocar al Estado sino trabajar mancomunadamente con él. Allí está una de las principales diferencias dado que la guerrilla, sin importar el grupo que sea, se caracterizó por defender un discurso contra estatal. Las AUC fueron consideradas como organización criminal aunque gozaron de justicia transicional. ¿Por qué los extraditaron? Simple, porque siguieron delinquiendo y perdieron sus derechos adquiridos en Justicia y Paz.

Aún tenemos el flagelo de las bandas criminales postparamilitares; Rastrojos, Urabeños, Cordillera, Águilas Negras, Clan del Golfo, entre otros. ¿Por qué? Porque no es fácil para un Estado que ha tenido guerra durante tantos años, superar de un día para otro los conflictos; pero de algo estoy seguro, y es que hoy es imposible justificar el paramilitarismo (si es que alguna vez fue posible hacerlo) puesto que sabemos que el Estado tiene que velar por la seguridad de los colombianos. De no ser así, de necesitar ejércitos privados, entonces no votemos para elegir senadores y presidentes, hagamos un proyecto separatista y fragmentemos el país.

Con esto quiero explicarles que el uribismo no es el mejor ejemplo para desmovilizaciones; pero más allá de cuestionar el proceso y considerar que su discurso utiliza categorías vacías y se apoya en el uso de estrategias para “sacar a la gente a votar verraca”, considero que de este proceso algo muy valioso se aprendió, tanto así que con Santos se creó la Agencia Colombiana de Reintegración para que velara por los procesos de desmovilización de manera coherente, responsable y humana.

Con el proceso de paz desarrollado en la Habana, la ACR maduró su propósito y pasó a llamarse Agencia de Reincorporación y Normalización. Estoy seguro que si damos una visita a la Agencia, nuestra perspectiva del acompañamiento al proceso de paz cambiará. 

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